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La Voz de La Verdad

LATINOAMERICA: LA URGENCIA DEL CAMBIO DE MENTALIDAD

Por Felipe Pérez M.

Psicología U. Mayor


Latino América, desde que fue colonizada y puesta a servidumbre de la tiranía europea, se introdujo en un proceso de condicionamiento cultural y bio-psico-social que repercutió en la vida de cada habitante de Latino América. El no haber sido una cultura tan desarrollada intelectual y tecnológicamente, en comparación a los colonos, limitó sus posibilidades de acción. Cada movimiento y ejecución estaba limitada por el acoso imperialista de España (independiente de los cientos de rebeliones que pusieron frente a estos abusos) y la ingenuidad y pureza de su cultura, la cual era su universo.


El estigma de la colonización se ha perpetuado sigilosamente en la cultura latina, generando y facilitando que se den patrones de conductas, producto de estas limitaciones de acción (actos y acciones limitadas en una manera de pensar). Los cuales se han reproducido y repetido, a pesar de las variaciones que se vean en estas, en el tiempo. Aunque el sistema neo-liberalista o la misma cultura digan lo contrario, pues estos solo hablan desde lo que no perciben, el aspecto inconsciente de sus dinámicas rígidas, cuyos principios son torcidos y sustentados en el mismo espíritu. No se dan cuenta ni nos damos cuenta, pues se arraigan en nuestros hábitos.


Los patrones de conducta a los que me refiero, quizá no se manifiesten del mismo modo que lo hicieron en aquel tiempo de servidumbre, no obstante, sus principios son los mismos, derivados del temor, específicamente: la pasividad, la búsqueda de una estabilidad y una seguridad, y perpetuar los ritos de comportamiento para evadir los cambios radicales que atenten contra la comodidad del sistema oficial.


¿Qué tienen que ver estos términos con lo que hablo? Se me hace necesario ser tedioso y referirme a estos conceptos de una manera más profunda para que sea posible entender el nexo que quiero establecer entre los principios y las conductas actuales .


Partiendo por el concepto de Pasividad, me refiero a una actitud evitativa y de disposición no cuestionada, ante una situación que atente ante la comodidad del individuo (ya sea intra-psíquica como exteriormente). Por ejemplo, un estudiante de secundaria que no tiene hábitos de estudio, se ve forzado a tener que hacerlo, ya que, como es su último año escolar, tiene que pasar exitosamente de curso, sin embargo necesita estudiar mucho. Esto lo perturba bastante debido a que debe romper con su realidad pasiva, no se siente capaz, y busca métodos de escapismo para pasar el curso sin tener que estudiar, copiar. Cuando hablo de disposición, hablo de una apertura y disponibilidad voluntaria de la persona ante una situación (independiente de que sea acorde o discorde con su condición); respecto a lo no-cuestionable, me refiero a que esta persona no cuestiona la efectividad o defecto de su estado actual, por tanto no ejecuta una acción que lo modifique, a causa de dicha comodidad.

En cuanto a la búsqueda de seguridad y estabilidad, se le puede comprender de la siguiente manera: la búsqueda de la seguridad y estabilidad tiene que ver con el grado de conformidad y comodidad que siento conmigo mismo en relación a mi entorno, y con mi entorno en relación a mi mismo. En otras palabras, se evita toda situación que implique un conflicto personal y relacional, la cual podría poner en tela de juicio aquella estabilidad personal que me hace sentir tan seguro en mi "perímetro" de control. Por ejemplo, hay un adolescente que no se siente conforme con la gente de su alrededor, y decide involucrarse con un grupo de adolescentes que no son muy cercanos, este joven los encuentra geniales. Sin embargo, cuando los empieza a conocer, se da cuenta que no era lo que esperaba; pero se quiere seguir juntando con ellos, no les dice ninguna de sus inquietudes porque tiene miedo a ser desplazado por ellos, así que evita comentarios que puedan desestabilizarlo emocionalmente, o que lo hagan sentirse como un marginado. Esta estabilidad está directamente relacionada con el control que ejerzo en mi entorno, pues lo que escapa de mi cosmovisión "estable", es totalmente desconocido, por ende, no lo controlo ni tengo dominio sobre aquel. Un ejemplo de control, una mujer va a entrar a trabajar de cajera a un supermercado, ella está muy nerviosa, no quiere aceptar el trabajo porque dice que no es para ella, pues no o domina. Cualquier situación que atente a esta estabilidad personal, atenta contra el control que tengo sobre las cosas. Es decir, que esta pérdida de control tiene como consecuencia, "darme cuenta" que "realmente no tengo el dominio de todo", como solía creer. En síntesis, es el temor a la crisis. Cuando hablo de hábitos o ritos de comportamiento no me refiero netamente a una ceremonia que se hace en un momento determinado, sino, más bien, a un conjunto de conductas que son influenciadas por una cultura en la sociedad. Y estas conductas son repetitivas en cada una de nosotros, por ejemplo, hay gente que siempre se come un completo después de salir del trabajo, y después se va a la casa. Hay otra gente que solo toma el metro, o gente que solo toma micro, aunque se sepan los recorridos. Un ejemplo más claro de esto puede: una señora, cada vez que está estresada, sale de shopping a comprar ropa. Sin embargo, cuando no tiene el dinero para salir a comprar cuando está estresada ella se angustia mucho, porque el gastar dinero se ha vuelto su solución. Su esposo le ha ofrecido otra manera de "des-estresarse" que es hablar con Dios. Pero ella no acepta porque se ha refugiado en su rito o hábito de comportamiento. No quiero dar por hecho que estas son las únicas conductas o derivados del temor, sabemos que hay más, y es necesario identificarlas con la dirección del Espíritu y estar dispuestos a conocer las raíces de nuestra mentalidad. Volviendo al tema de Latino américa...

Este tipo de conductas o actitudes pasivas ante la hostilidad ajena de los colonos, se ha reforzado con el pasar del tiempo (se ha convertido una práctica socio-cultural), a tal punto, que se han impregnado en su ADN, y en cada área del individuo en su totalidad. Estos comportamientos repetitivos se ha fortalecido tanto que ha llegado a determinar, incluso, la percepción que tenemos de nuestro alrededor. La constante sensación de estar en un "estado de alerta" a causa de este trauma (desde la invasión española) ha prevalecido en nuestro ser de manera inconsciente sin que lo llegásemos a cuestionar. Y lamentablemente esta ausencia de auto-cuestionamiento personal ha viciado más este círculo de esclavitud mental y del corazón en nuestra cultura latina. Pues se ha vuelto una realidad incuestionable para nosotros. Aunque evitemos escapar de esta mentalidad no podremos hacerlo hasta que otra cultura venga a confrontar la nuestra. No podremos entender otra cultura desde nuestra cultura (Recomiendo leer la entrada anterior sobre percepción), es inevitable, es urgente renunciar a nuestra mentalidad cultural de esclavitud para introducirnos en la mentalidad de la cultura del Reino de Dios. De no ser así, tergiversaremos lo que hemos escuchado del Reino de Dios con nuestra cultura, las mezclas no funcionarán.


Como latinos hemos actuado de acuerdo a estos puntos mencionados, hemos buscado el querer agradar a los demás (me incluyo) procurando una estabilidad y una seguridad personal; desde esta cultura de esclavitud también hemos buscado controlar aquello que creemos poseer y, que a demás hemos creído, también, que lo que sabemos es todo lo que necesitamos. Y a causa de esto creamos conductas repetitivas propias de esta mentalidad de temor, ya que cualquier cambio podría poner en crisis nuestro sistema de creencias. Por esto mismo nos hemos vuelto pasivos aceptando lo que otros dicen (dependencia del hombre), sin nosotros creer genuinamente a lo que Dios nos dice personalmente a cada uno de nosotros.

Esta mentalidad de esclavitud nos hace depender de nuestros amos,del sistema, de las voces de temor que intimidan a que salga lo que realmente eres en el Reino de los Cielos, estos "amos" condicionan nuestros pensamientos con lo que ellos creen de ellos mismos, y eso termina volviéndose nuestra comida.


Con un amigo hablamos hace unos días sobre los hábitos, y algo que es inherente en todo se humano es que tenemos hábitos (conductas repetitivas). Ahora, el problema no es la conducta o rito comportamental, no es el hábito, el problema es ¿cuál es el fin de dichos hábitos?


El esclavo tiene hábitos, pero:


-Dependen totalmente de lo que el sistema en el que están les dicta,

-Este tipo de hábitos no tienen propósito personal, porque el propósito está impuesto por el mismo sistema. (Este es el más visto: imitación y cosas por el estilo).

-Los hábitos del esclavo ayudan simplemente a mantener y servir a la estabilidad del sistema, pero no una hay extensión de hábitos personales con un proyecto vital porque el mismo temor estanca su ensanchamiento (trabajar para generar recursos y nada más, ese es un ejemplo). La mentalidad de esclavo te hace estar bajo la servidumbre de las demandas del sistema.


Por otro lado, está el hijo de Dios, cuyos hábitos difieren totalmente de los hábitos del esclavo. Un hijo tiene hábitos, pero:


-Estos hábitos están relacionados directamente con la cultura del Reino de Dios.

-Estos hábitos tienen propósito: personales relacionados con el diseño que Dios nos ha dado para ejercer gobierno aquí en la tierra y así cumplir con nuestra misión (reitero, es único y no se puede imitar); a nivel masivo que tiene directa relación con la edificación de la Iglesia. Estos hábitos no son impuestos, se instauran voluntariamente cuando renunciamos a la cultura de esclavitud y nos determinamos a creer y depender de la voz de Dios en nosotros.

-Los hábitos del hijo no solo mantienen estable el sistema, también ayudan a edificar el Cuerpo de Cristo, sino que inevitablemente extienden la cultura del Reino de Dios, se ensanchan, porque el Reino se extiende en dominio, no están fundamentados en el temor. El hábito del hijo es la disciplina, la disciplina tiene un propósito, el cumplimiento del llamado que Dios ha hecho a cada uno de nosotros.


Para poder reformar nuestro entorno es necesario considerar estos aspectos urgentemente, la reforma no funciona por imitación, no funciona por depender de la revelación de otros, no funciona juntándose con los más populares, no funciona porque seamos activistas, no funciona porque tengamos hábitos.


La reforma se hará patente en nuestra vida cuando dejemos el activismo, cuando seamos disciplinados con propósito, cuando tengamos revelación de lo que Dios nos dice personalmente sin imitar o extraer la revelación de otros, y sobre todo, cuando le creamos al Espíritu Santo cuando habla directamente a nuestra vida. Y actuemos entorno a lo que Dios nos ha hablado, y no lo que otros nos han dicho.



Si creemos quienes somos en Cristo, entenderemos quien es Chile y Latino américa en Cristo.

 
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